Libres, las Pussy Riot; anuncian que incursionarán en la política

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«Si hubiera podido, renunciaría a aceptar la compasión de Putin», dice una de las excarceladas
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Maria Aliojina y Nadezhda Tolokonnikova (a la derecha), al salir de prisión ayer, unos meses antes de cumplir su condena de dos añosFoto Ap
Juan Pablo Duch
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 24 de diciembre de 2013, p. 32

Moscú, 23 de diciembre.

Nadezhda Tolokonnikova y Maria Aliojina, integrantes del grupo Pussy Riot que criticaron al presidente Vladimir Putin al cantar una oración punk en la principal catedral ortodoxa de Moscú, obtuvieron este lunes su libertad.

Favorecidas con la reciente amnistía aprobada con motivo del vigésimo aniversario de la Constitución, las muchachas salieron de la cárcel apenas unos meses antes de que terminara su condena a dos años de prisión.

Tanto Tolokonnikova como Aliojina, en sus primeras declaraciones a la prensa, adelantaron que piensan dedicarse a la política y, solidarias como son, a la defensa de los derechos humanos de sus compañeras que permanecen en prisión.

“Tengo muchas ganas de trabajar –declaró Tolokonnikova–; con mi salida de la cárcel empieza todo por cuanto hay muy poca diferencia entre ser libre y no libre en Rusia, un Estado autoritario. La liberación recae sobre mi persona como un peso de responsabilidad, entre otros motivos por las personas que permanecen detrás del muro, aquí (en Siberia) y en Mordovia”.

Aliojina se pronunció en el mismo sentido: «Seguiré pendiente de mis compañeras en el centro de reclusión de Nizhny Novgorod; debe ser escuchada la voz de las mujeres que se alzó contra la violación de sus derechos laborales».

Y preguntada sobre su acción en el templo, Aliojina respondió que no terminaron de cantar su oración. «Hay que escucharla completa, no sólo una parte», reviró en alusión a un vocero de la Iglesia ortodoxa que expresó hoy la esperanza de que las activistas, al obtener la libertad, se arrepientan.

A pesar de tener mucho antes derecho a conseguir la libertad condicional, por ser ambas madres de hijos pequeños y por haber cumplido más de la mitad del plazo de privación de la libertad de la sentencia en su contra, los jueces rechazaron varias veces concederles ese beneficio.

Una y otra vez, las autoridades penitenciarias emitían dictámenes negativos, en los cuales consideraban que no había razones para ponerlas en libertad condicional, dado que no habían dado muestras de enmendar las causas por las cuales las condenaron por «vandalismo».

En cambio, sí salió en libertad condicional la tercera participante en el performance identificada, Yekaterina Samutsevich, en un intento de las autoridades por sembrar la discordia entre las muchachas.

Tanto el Kremlin, a través del sistema penitenciario federal, como la Iglesia ortodoxa rusa, por medio de sus voceros, querían que las activistas se reconocieran culpables y solicitaran el indulto, lo que Tolokonnikova y Aliojina rechazaron siempre, sufriendo un duro castigo en consecuencia.

Ellas se disculparon ante los creyentes que pudieran haberse sentido ofendidos, pero insisten en que no era esa su intención y en que su performance tuvo un carácter esencialmente político.

Interpretaron, en el altar de la catedral de Cristo Redentor, una oración punk, acompañada de movimientos gimnásticos que simulaban una suerte de danza ante el azoro de unos cuantos beatos, en la cual pedían a la «Virgen María, madre de Dios, líbranos de Putin», en vísperas de que el actual mandatario, candidato en aquel entonces para un tercer periodo presidencial, volviera al Kremlin.

El afectado dijo recientemente que sólo sintió lástima por las muchachas «en la medida que denigraron la dignidad de la mujer», porque «se pasaron de la raya» en su acción de protesta. Antes, Putin acuñó una frase acorde con su forma de gobernar: «Se ganaron sus dos añitos», de cárcel, se entiende.

Alejadas de Moscú y de sus familias, Tolokonnikova y Aliojina sufrieron el desprecio de las autoridades penitenciarias. La primera se declaró en huelga de hambre por las amenazas de muerte que recibió de los responsables de su centro de reclusión en Mordovia y por «las condiciones infrahumanas» en que se encontraban las prisioneras.

Aliojina barajó la posibilidad de rechazar la amnistía, pero desistió por las amenazas que recibió de las autoridades penitenciarias, dijo hoy. «Si hubiera podido, renunciaría a aceptar la compasión de Putin. En mi opinión, esta amnistía es una profanación, una burla», señaló la activista.